La Región

Nuestra región recibe el nombre de de Orinoquía Colombiana o Llanos Orientales gracias a la cuenca del Orinoco que es una hoya hidrográfica que recibe los numerosos afluentes que provienen de los Andes, entre ellos los ríos Pauto, el Arauca, el Casanare, el Ariporo, el Cravo Norte y el Cravo Sur, el Meta, y el Ariari.

Con una extensión aproximada de 200 mil kilómetros cuadrados, un 80% de su territorio son sabanas; el 8%, zona cordillerana o piedemonte, que sigue una franja de 50Km de extensión a partir de la cordillera, y el 12%, bosques con importantes recursos de fauna y flora. En la actualidad esta región abarca cerca del 28% de la totalidad de territorio Colombiano.

Esta región es considerada como uno de los ecosistemas más importantes del mundo, caracterizada por dos estaciones marcadas, la estación de lluvia y la estación de sequía, y un clima intertropical de sabana. Igualmente, al estar situada al interior y carecer de presencia marítima, permite una mayor amplitud térmica diaria que en zonas costeras.

En cuanto a la Cultura Llanera, esta ha sido el fruto del acoplamiento continuo de diversas tradiciones autóctonas con otras costumbres traídas de otras zonas del país e incluso del exterior. Así, podemos encontrar diferentes manifestaciones como el Joropo, el Poema Llanero, el Trabajo de Llano y el Coleo. Igualmente la región nos ofrece nutridas y variadas leyendas, que por muchos son narradas como vivencias.

En lo que se refiere a sus ancestros, en el área actual del piedemonte de los departamentos de Casanare y Meta existen interesantes hallazgos relacionados con los indígenas Muisca y los Guayupe. Existen también vestigios como las pictografías y los petroglifos que se encuentran en algunas piedras y abrigos rocosos a la orilla de la parte alta de los ríos Güéjar, Duda, Guayabero, Guaviare, Alto Inírida, medio Orinoco y sus afluentes.

Durante la Colonia, las dos ciudades más importantes del Llano fueron Santiago de las Atalayas y San Juan de los Llanos. La primera localidad fue fundada por Pedro Daza en 1588 y elevada a la categoría de capital de la Provincia de los Llanos. Allí tuvieron su sede la Gobernación de los Llanos y todas las autoridades coloniales de la Provincia. Las ruinas de esta ciudad se hallan en la ribera oriental del río Chiquito en las cercanías de Aguazul, departamento de Casanare.

Santiago de las Atalayas era un importante centro ganadero y se encontraba en un cruce de caminos a Tunja, Vélez y El Socorro. Más tarde, agobiada aparentemente por epidemias y deslizamientos de tierra y por el abandono del gobierno central, fue perdiendo importancia. Desapareció por completo después de las guerras de Independencia en 1819.

Tras el ingreso de los vacunos traídos por los primeros expedicionarios y por los misioneros jesuitas, se desarrolló —en las regiones de San Martín y Casanare— una clase de ganado conocido como Sanmartinero y Casanareño, fácilmente identificable por su adaptabilidad a los largos inviernos y a las agudas épocas de verano.

Las pieles de vacuno, el sebo del ganado, el plátano, la yuca y el café, eran los productos procedentes del hato o las haciendas, los que llevaron a conformar una cadena de comercio en la que participaban tanto las autoridades locales como comerciantes criollos y extranjeros, lo que llevo incluso a que en Orocué, por ejemplo, se abrieran sedes de los consulados europeos, casas comerciales venezolanas y alemanas.

Con el siglo XX vino el auge del comercio por los ríos Meta y Arauca, con la aparición de famosos vapores en sus aguas como Masparro, Libertado, Apure, Arauca, Alianza, Amparo y Meta, y algunos de ellos navegando incluso hasta Orocué, donde cargaban pieles de ganado, sarrapia, caucho (balata) procedente del Vichada; plumas de garza, y café de Támara el cual bajaban por el río Pauto.

En el año de 1911 se abrieron las Bocas de Ceniza en el Atlántico y se suprimieron las aduanas del oriente del país, con lo que el comercio fluvial de la región se vio fuertemente afectado.

Esto llevo a la necesaria evolución de la ganadería, pues la región demandaba una nueva fuente de industria. Hasta mediados del siglo existió una ganadería pastoril, tradicional y extensiva. La introducción de nuevas variedades de pastos y toretes así como la apropiación de las sabanas mediante las cercas, la hicieron evolucionar en la mayor parte del territorio llanero.

En la actualidad también ha tenido gran importancia la explotación de productos mineros e hidrocarburos, llevando a la región a convertirse en la mayor fuente de Petróleo para Colombia. Esto va también de la mano con la ejecución de gigantescos proyectos para impulsar la extracción de aceites y combustibles a base de grasas extraídas de la Palma Africana, la Caña de Azúcar e incluso la Yuca.

De igual manera la región ha venido tomando cada vez más fuerza como un importante destino turístico dedicado a materias agropecuarias y ecológicas, lo que se debe a sus impresionantes paisajes, interminables recursos hídricos y abundante fauna silvestre. Así mismo, también recibirá amablemente a aquellos que simplemente buscan un hermoso lugar de descanso con parques, zoológicos, excelentes hospedajes, diversión para toda la familia y un interminable mar verde lleno de flora y fauna silvestre que no se podrá contemplar en ningún otro lugar.

Este enorme desarrollo turístico, industrial, agropecuario y económico, ha sido el motivo para que la región cuente con algunas de las carreteras más modernas y atendidas de país, como el Puente internacional José Antonio Páez que une las ciudades de El Amparo en Venezuela y Arauca en Colombia y es una de las obras de infraestructura más importantes de la región; la Autopista al Llano que comunica a la ciudad de Villavicencio con Bogotá en 80 Km aproximadamente y que logró reducir el tiempo de viaje de 6 horas a 1 hora y 30 minutos; o el proyecto de la Carreta Marginal de la Selva, que pretende conectar las regiones amazónicas de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

Igualmente cuenta con operaciones en importantes aeropuertos como Villavicencio y Yopal, los cuales ofrecen conexiones a casi cualquier destino en la zona.

Ahora queremos invitarlos a que sean parte de esta inmensa llanura, que promete embrujarlos con sus planicies interminables y cielos infinitos.



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